jueves, agosto 18

Mara Pastor: "No soy de la especie que canta en la ducha"


Desde Puerto Rico, la escritora Mara Pastor (San Juan, 1980) respondió nuestras #Matapreguntas para esta semana. El año pasado, ella fue una de las invitadas al Festival de la Lira de Cuenca, uno de los encuentros de poesía más importantes de la región. Acompañamos sus respuestas con unos cuantos poemas de Arcadian Boutique, uno de sus últimos libros.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Palabras de pescadores: entrevistas con pescadores comerciales de Puerto Rico: 1991-1995, de María Benedetti.

¿Qué libros has robado?

Sus brazos labios en mi boca rodando, de Sergio Loo.

¿A qué escritor resucitarías y para qué?

A Sherezade, para que nos salve a cuentos.

¿Qué cantas en la ducha?

No soy de la especie que canta en la ducha. Declamo epitafios a seres queridos que aún no han muerto. Es un aprendizaje de la ausencia.

¿Qué harías con un Gregorio Samsa en tu familia?

Permitirle ser el insecto que devino. Instagramearlo anclado en el techo, orgullosa.

¿Cuál ha sido tu peor trabajo? 

Cuando tuve que traducir diez libros de matemática en tres meses. Valió la pena, pero sufrí.

¿Cuál es tu secreto peor guardado?

Mi imprudencia. Es silvestre. No avisa.

¿Qué te gustaría hacer que no tenga que ver con la literatura? 

Telepatía con otras especies.

¿A qué autores jóvenes recomiendas?

Javier Peñalosa y Mariana Rodríguez (México), Robin Myers y Noel Black (USA), Legna Rodríguez y Jamila Medina (Cuba). Y de mi país, a los jovencísimos poetas ponceños Carlos Eduardo Silva, Ivelisse Álvarez y Anthony Hernández.

¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

El día que perdí aquello, un libro de entrevistas sobre cómo personalidades famosas españolas habían perdido la virginidad. Lo tomé del librero de mi padre porque en la portada tenía el dibujo de una niña mirando una flor, así que por mucho tiempo pensé que todos escribían de cómo habían perdido una flor. Tenía 5 o 6 años.

"El futuro es pensar como se escribe" (Poemas de Mara Pastor)


DEBAJO DE LA LLUVIA

Hoy llegaste debajo
de la lluvia. Al abrir
la puerta
nos dimos un beso.

Te preparé un té.
Sentados en la mesa
éramos amigos.

El carro en el que fuimos
al pasado (ese lugar
sin tiendas) donde
vive la gente más linda
que conozco, nos arregló
la mirada cómplice,
adornó de algo lo que era

exactamente igual

antes del viaje. Entonces
comprendo que viajar
con alguien, sin importar
lo breve del camino,
tiene dos alternativas:

una que une y otra
que desata.



TE ENVIÉ UNA CARTA

Sé que tardará un poco en llegarte,
pero parece un buen remedio
para la impaciencia.
Hacía mucho que no escribía a mano.

Seré breve.

El futuro es pensar como se escribe,
y aunque no lo parezca,
hemos ido juntos

adonde me ha llevado la palabra.



PÁJARO QUE CAE

Han pasado cosas rotas
como si la suerte fuese un error
que nos cae en la cabeza.
No hablo de accidentes.
Hablo de que ayer era otra
que decoraba una casa en un sótano
con imágenes de época
(la decoraba con mi
fijación a las revistas).
Tengo una abuela que muere
y tampoco me refiero a eso,
pero entro en la ducha
y me imagino el poema fúnebre
escrito desde siempre.
Sé que la belleza muere
y mientras muere se deshace
como el error de un pájaro que cae.



FUTURO

Tendrás un pez
que morirá de olvido.

Te dirá que la paciencia
es una nube de burbujas,

esperarnos como en un arrozal
que se seca,

sobreviviendo
con poquito oxígeno,

cada uno en su burbuja,
con la esperanza del monzón.



LATA DE RESERVAS


para perpetuar la clave
de cómo un cuerpo concluye otro,
de cómo el hombre, a fuerza de cicatrices,
se va haciendo bosque perfecto,
ciudad de cáscara,
selva de aire
Vanessa Droz

Hoy mientras hablaba con María
noté que una antigua
cicatriz que tengo desde niña
en mi dedo pulgar izquierdo
se enrojecía nuevamente.
He querido ignorarla
aunque cada vez la herida
retrocede en el tiempo
y parece haber ocurrido hace poco.
Tendría trece, catorce o quince
y me hice una herida con el filo
de una lata de reservas.
Algo tan nimio y mal sanado,
pensé. Hasta ha vuelto el ardor
de la piel regenerada y frágil.
Le dije a María lo que había ocurrido.
Ella abrió los ojos,
se puso la mano en la frente
y buscó en su cuerpo alguna cicatriz
de regreso a su infancia,
o una infancia de regreso en la cicatriz,
por si había sido el momento
de reconocer la herida común
en los caparazones,
por si era que al unísono dijimos
algo que nos regresó en el tiempo
como si la herida hubiera oído
y se hubiera quebrado de callar,
como si las cicatrices hubieran
dado el grito de guerra, despertad,
cicatrices del mundo, doled.



***


Fotografía de José R. Madera
(*) Estos poemas fueron tomados del libro Arcadian Boutique (2014).

Mara Pastor (San Juan, Puerto Rico, 1980). Autora de varios libros de poesía, entre ellos, Alabacera (2006), Candada por error (2009), Poemas para fomentar el turismo (2011) y Children of Another Hour (2014), con textos traducidos al inglés por Noel Black. Sus poemas aparecen en diversas antologías editadas en Argentina, Cuba, Inglaterra y México. En 2013 coeditó, para la revista Punto de partida, la muestra Vientos alisios. Poesía puertorriqueña actual. Ha colaborado en publicaciones como Boston Review y 80 grados.

jueves, agosto 11

Juan Pablo Castro: "Me gustaría vivir en una hamaca"

Fotografía de Diego Pallero
Juan Pablo Castro Rodas (Cuenca, 1971) acaba de publicar La curiosa muerte de María del Río, la novela con la que el año pasado ganó el premio Miguel Donoso Pareja de la feria del libro de Guayaquil —en cuya próxima edición el libro será presentado.
La novela y el reconocimiento que ha conseguido no son ninguna sorpresa, puesto que Castro Rodas viene alimentando su carrera literaria con otros logros como el premio nacional de cuento José Félix López, otorgado por el núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Antes, su novela Los años perdidos estuvo nominada al premio Rómulo Gallegos, uno de los más importantes en lengua española.

A continuación, las respuestas que Castro Rodas dio a nuestras #Matapreguntas.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

El rey del mundo, de David Remnick.

¿Qué libros has robado?

He robado tapacubos, letreros de pare y chocolates para las novias, pero nunca un libro.

¿A qué escritor resucitarías y para qué?

Al poeta Manuel Zavala Ruiz, para que me enseñe a recitar en francés.

¿Qué cantas en la ducha?

Escucho a humoristas, así que tiendo a reír.

¿Qué harías con un Gregorio Samsa en tu familia?

Ya vivo con él.

¿Cuál ha sido tu peor trabajo?

Vendedor de sombreros de paja toquilla.

¿Cuál es tu secreto peor guardado?

El secreto está a la vista de quien lo busque.

¿Qué te gustaría hacer que no tenga que ver con la literatura?

Vivir en una hamaca.

¿A qué autores jóvenes recomiendas?

Ya no creo en las listas.

¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

Ivanhoe, de Walter Scott.

miércoles, agosto 3

Pablo Montoya: "La literatura es una condena y un consuelo"

Fotografía de Adriana Agudelo-Toro

Seguimos con los invitados a la feria del libro de Guayaquil. Esta vez, Pablo Montoya (Barrancabermeja, 1963) aceptó responder nuestras #Matapreguntas. Entre libros de cuentos, ensayos y poesía, este autor colombiano publicó también la novela Tríptico de la infamia, con la cual ganó el premio Rómulo Gallegos de 2015.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Hace un tiempo que no leo libros, sino que los releo. El ejercicio de la relectura, a mi edad, es la mejor opción para no sucumbir al desencanto y al tedio. El ultimo libro que releí entonces es María, de Jorge Isaacs. Fue mi tercera lectura de esa novela y quedé gratamente impresionado.  

¿Qué libros has robado?

Solo una vez robé un libro. Fue en Tunja, en 1986, una biografía sobre Nietzsche, editada por Salvat. Me pillaron y el administrador del almacén me humilló de tal manera que hasta ahí llegó mi carrera de ladrón de libros. Además, ese administrador insensato me insultó delante de mi suegra de entonces. La verdad es que mientras ella escogía unas vituallas, yo me escondí el libro. Y si no fuera por los ruegos de ella me habrían cortado las manos. 

¿A qué escritor resucitarías y para qué? 

Si no me gusta hablar mucho con los escritores vivos, ¿para qué resucitar a los muertos? Además, pienso que el mejor modo de revivir a un escritor es leerlo. 

¿Qué cantas en la ducha?

Jamás canto en la ducha. Me baño con agua fría y en vez de cantar, brinco para soportar mejor el embate del frío. 

¿Qué harías con un Gregorio Samsa en tu familia?

¿Para qué otro Gregorio Samsa en casa? Conmigo basta y nos sobra. Con otro más, mi familia se desbarataría irremediablemente. Y digo esto porque siempre he pensado que Samsa es como el artista, el creador, la conciencia, la piedra en el zapato de la casa.  

¿Cuál ha sido tu peor trabajo? 

Tocar flauta en el metro de París. Lo hice durante casi un año, entre 1993 y 1994. Era un trabajo ilegal, por supuesto. Aprendí mucho en ese oficio marginal, en el que me codeaba con los mendigos y los vendedores de periódico, pero no quisiera volver a hacerlo. 

¿Cuál es tu secreto peor guardado?

No tengo ese tipo de secretos. Y si los tuviera, jamás se los diría a ustedes.  

¿Qué te gustaría hacer que no tenga que ver con la literatura?

La literatura para mí es una condena y un consuelo. Es grata y terrible. Además, ocupa casi todo el tiempo y el espacio de mi vida. He pensado que cualquier cosa que haga tendrá inevitablemente su relación con la literatura. Pero sé que terminaré, como lo aconseja el Cándido de Voltaire, ocupándome de la jardinería.  

¿A qué autores jóvenes recomiendas?

A Rimbaud. Escribió toda su poesía entre los 13 y los 17 años. 

¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

El primer libro que me movió el piso, es decir, que me hizo pensar que yo quería ser escritor, fue Demian, de Hermann Hesse. Lo leí cuando tenía catorce años. Imagínense, cuando empecé a leerlo, yo tenía en la cabeza la idea de ser médico. Al terminarlo, todo ese proyecto, en el que estaba involucrada toda mi familia, se había vuelto pedazos.  

Anatomía del mal

Fragmento de "El jardín de las delicias", de Jheronimus Bosch

"Sin un acto de recreación, el objeto no se percibe como obra de arte", con esta idea de John Dewey, el lector puede acercarse a la reciente pieza narrativa de Laura Restrepo, Pecado, para conocer algunos de los ejes de su propuesta: cómo se convive con el mal, cómo es vivir en el límite de aquello que en "en laico" no tiene traducción y es el pecado. Es decir, la palabra arrastra inevitablemente una connotación religiosa.

Y es esta certeza lo que la autora colombiana nos ofrece a modo de tríptico (como el cuadro "El jardín de las delicias"). Una singular gama de personajes son el centro de las siete historias de Pecado; sin dejar de lado, claro, a "Peccata mundi I" y "Peccata mundi II" (la autora confesó que así quiso llamar al libro), los capítulos que inician y cierran el libro. Cada lector hará sus propias conexiones.

 El hilo conductor: la familia

¿Colección de relatos con un cinturón común o novela? Es la primera discusión que provoca el libro dada su configuración en cuentos o piezas que pueden ser tanto independientes como partes de un conjunto mayor que responden a una visión totalizadora sobre el mal.

Una constante que predomina en estos relatos es la proximidad de los protagonistas: toda su conflictividad se desprende del hecho de que son miembros de una misma familia. Como si se aplicara la idea clásica de que "la familia es el núcleo de la sociedad"  y la autora se propusiera demostrar que en ese centro se gestan las mayores agonías, se producen las más atroces heridas y también se forman las cicatrices de la culpa. ¿Cómo se justifica un reencuentro travestido de una dosis pasional entre una hija y un padre ausente? "La promesa" ensaya ese amor que no tiene nombre explícito en el relato, porque la palabra incesto contamina esas descripciones, ese grado de ausencia que está latente en la narración de este episodio.

A modo de zoom medular, Restrepo nos aproxima a gestos de compasión e invita al receptor a despojarse de todo juicio moral, a dejarse guiar por el relato en primera persona de la Viuda, el personaje estelar de "Pelo de elefante". Imposible no seguir las hazañas de este decapitador, sicario de excelencia, en sus reflexiones solitarias, antes de acometer sus "encargos", con su minuciosa y aséptica manera de asumir su oficio. Hasta que el verdugo pasa al segundo plano y se rompe su firme convicción: "no hay mujeres en mi vida: la muerte es una amante celosa". El amor es una salida tan poderosa como la muerte.

En esta novela también tropezaremos con Emma, la mujer enamorada que descuartiza a su pareja en "Amor sin pies ni cabeza" y que enfrenta su acción dionisíaca con una de las ideas que flotan desde el inicio del libro: "el castigo es la otra cara del pecado; su reproducción exacta pero invertida. Placer y pecado son equivalentes”". En medio de estos microcosmos hay bastantes rostros para enumerar cada una de las circunstancias en las que  la vida cotidiana es el espacio para el desfile de la muerte, la venganza, el adulterio, las mentiras y la soberbia.

Si nos acordamos de la ya tópica violencia colombiana tan tomada en cuenta por la literatura, no se pueden dejar de lado historias como las de Angelito, el adolescente sicario de "Lindo y malo", ese muñeco cuya génesis se encuentra en el trabajo periodístico de la autora, quien pasó por una experiencia de exploración en la Comuna Nororiental de Medellín. Nuevamente, el vínculo familiar define los hechos: la madre del muchacho lo cuida e idolatra y, sabiendo que regresa del crimen, será la instauradora de una epifanía final para el personaje y para el lector.

Y al fondo, el jardín

Mucho se ha dicho del famoso cuadro renacentista de Jheronimus Bosch, "El jardín de las delicias", y que éste coexista dentro de las ficciones que conforman Pecado no es un detalle que se deba pasar por alto. La presencia de esta obra es un elemento al que hay que ir integrando según la función se desarrolle: ya sea como decoración de muchos de los episodios del libro (con su simbolismo presente) o como la posesión más querida de Felipe II, el antiguo rey de España, o como tema en la tesis de Irina, protagonista de "Peccata Mundi II" y de "Las Susanas en su paraíso".

La pintura y las realidades de Pecado disponen a modo de alegoría la relación del ser humano con aquello que va más allá de lo conocido como falta, delito o simple maldad. Cada personaje vive su paraíso, infierno y convivencia en el mundo terrenal, y el lector tiene una invitación más para desplazarse entre estas posibilidades que solo la ficción puede ofrecer.

miércoles, julio 27

Jeremías Gamboa: "No robar libros es una forma de excentricidad"

Fotografía de Santiago Barco
Con tan solo dos libros publicados, Jeremías Gamboa (Lima, 1975) es ya uno de los autores peruanos más leídos y comentados de los últimos años. Escribió Punto de fuga (Alfaguara, 2007), un volumen de cuentos, y Contarlo todo (Mondadori, 2013), una novela de quinientas páginas que cosechó lectores por todas partes.

Gamboa, quien además ejerce el periodismo, es uno de los invitados a la feria del libro de Guayaquil que se hará en septiembre. A continuación, las respuestas que dio a nuestras #Matapreguntas.


¿Cuál fue el último libro que leíste?

Estrella solitaria. Canciones escritas para ser cantadas por Nacho Vegas, de Jerónimo Pimentel.

¿Qué libros has robado?

Ninguno. Supongo que no robarlos es una forma de excentricidad.

¿A qué escritor resucitarías y para qué?

A José María Arguedas. Me gustaría que me cuente su experiencia de profesor rural cuando tenía 30 años y escribía Yawar Fiesta.

¿Qué cantas en la ducha? 

A los energéticos: Bruce Springsteen, Lulu Santos, The Clash... Últimamente al tristón de Nacho Vegas, pero la culpa de eso la tiene precisamente Estrella solitaria.

¿Qué harías con un Gregorio Samsa en tu familia? 

Conversar. Mucho.

¿Cuál ha sido tu peor trabajo? 

Ninguno. He tenido varios que en su momento me parecieron horribles y que ahora resultan útiles para contar una buena historia.

¿Cuál es tu secreto peor guardado?

Soy buen imitador de voces, sobre todo si son de escritores.

¿Qué te gustaría hacer que no tenga que ver con la literatura?

Enseñar a leer.

¿A qué autores jóvenes recomiendas?

A uno inédito pero ya premiado en España: el peruano Joseph Zárate.

¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?

Pájinas libres, de Manuel González Prada, de principio a fin. Tenía quince años y hasta ese momento no había leído nada completo.